domingo 8 de enero de 2012

¿Quien conoce a Dios?


A mucha gente, ni le preocupa ni le interesa esta pregunta. Los que no creen en Dios, los que piensan que Dios es un invento que nos hemos hecho los mortales, porque nos conviene y nos interesa, y también los que aseguran que de Dios no se puede saber nada porque no está a nuestro alcance, todos ésos, por supuesto, están en su derecho de pensar sobre este asunto lo que ellos consideren que es más razonable o más conveniente. Pero, lógicamente, a tales personas les dará igual saber o no saber quién conoce a Dios.
No pretendo, pues, convencer a nadie de que es importante creer en Dios o conocer a Dios. Lo único que pretendo, al escribir esta reflexión, es invitar, a quienes piensan que conocen a Dios (y yo me incluyo aquí el primero), a que nos preguntemos si realmente lo conocemos. O si nuestro presunto conocimiento de Dios, no pasa de ser una "representación", que nosotros nos hemos hecho, de esa realidad última a la que llamamos Dios, pero que, en verdad, poco o nada tiene que ver con el Dios vivo y verdadero.
Todo esto viene a cuento de lo que se dice en la Primera Carta de Juan: "Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4, 8). Yo no sé - lo digo con toda sinceridad - si, al decir "Dios es amor", con eso se pretende o no se pretende dar una definición de Dios. Sea lo que sea de ese asunto, lo que no admite duda es que quien no ama, no conoce a Dios. Por muy seguro que esté de todo lo que dice la Biblia, el Catecismo, los teólogos o los Concilios, el que no ama, no conoce a Dios. Ni, por tanto, sabe lo que dice cuando habla de Dios. Eso le puede ocurrir a cualquiera. Y es posible que me ocurra a mí.
El problema está en saber lo que la Primera Carta de Juan quiere decir cuando utiliza la palabra "amor". El texto griego original pone el término "agápe". Este término es raro en la literatura griega clásica. En los escritos del Nuevo Testamento, la palabra agápe es muy frecuente. En total, como sustantivo o como verbo, aparece 320 veces. Y se traduce: "amor" o, a veces, "caridad". Pero la palabra "amor", tal como se utiliza en el texto de 1 Jn 4, 8 (que estoy comentando), no se entiende si previamente no se tienen en cuenta tres cosas:
1. ¿De qué amor se está hablando ahí? ¿De amor de Dios al hombre? ¿Del amor del hombre a Dios? ¿O del amor de los seres humanos unos a otros? La Primera Carta de Juan habla del amor de Dios, del amor a Dios y del amor mutuo entre los mortales. Pero, cuando se refiere al amor como signo o señal de que conocemos a Dios, se refiere, sin duda alguna, al amor mutuo de unos a otros. En estos consiste la tesis central que defiende el autor de esta Carta, como se advierte enseguida leyendo detenidamente el capítulo cuarto de este escrito. Y así lo explican todos los buenos estudios y comentarios de la Carta.
2. Cuando hablamos del amor de unos a otros, nunca deberíamos olvidar que el amor es una palabra muy ambigua, que, a veces, puede ocultar sentimientos o deseos que nada tienen que ver con lo que es amar a otro ser humano. El verdadero amor existe donde previamente hay respeto, tolerancia, estima, ayuda, bondad, solidaridad, aguante, delicadeza. ¿Cómo es posible amar a alguien, si se le falta al respeto, si se es intolerante con esa persona, si se le trata con desprecio....? No nos engañemos. En este orden de experiencias, nos equivocamos o nos auto-engañamos constantemente.
3. Cuando decimos que "Dios es amor", estamos pronunciando una oración gramatical predicativa, en la que el predicado es el "amor", ya que eso es lo que se predica de Dios. Pero, por la gramática, sabemos que el papel del predicado es explicar al sujeto ("Dios"). Por tanto, lo que la Biblia afirma, en este caso, es que el amor a los demás es el signo o el argumento que demuestra que se quiere a Dios. La Carta lo dice con claridad meridiana: "Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4, 20).
La cosa está clara: SOLAMENTE CONOCE A DIOS LA PERSONA QUE RESPETA Y QUIERE A LOS DEMÁS. Todo lo que no sea eso es vivir engañado. Y pretendiendo (quizá sin darse cuenta) ir por la vida engañando a los demás. Además, esto vale para todo el mundo, desde el ser humano más importante, que haya en este mundo, hasta el más insignificante. De este principio universal no se escapa nadie. Ni hay motivo (social, político, económico, religioso) para quebrantarlo.

10 comentarios:

Virginia dijo...

¿Quién conoce a Dios? Menuda pregunta para una sociedad que practica el ateísmo devoto y el apaño ritualista, la coraza del dogma seguro y el cómodo vicio de la sopa boba teológica, y que "ama" al prójimo para ganarse el cielo y por eso no se escandaliza de la miseria, sino que hasta la considera una necesidad para practicar la limosna. Así no tiene sentido alguno trabajar para el bien común, ya que el mal de unos es beneficioso para que otros se ganen el cielo.

Jesús, que es la única pista directa que los cristianos tienen de Dios, llegó sanando, dando vida a los muertos, perdonando y aliviando las culpas, haciendo que la generosidad de dos personas multiplicase los alimentos para todos con abundancia, pero sus seguidores no lo han visto así, sino como "milagritos" para demostrar que era una especie de superman y sin embargo no nos hemos dado cuenta de que nos está mostrando el obejetivo del reino de Dios: la salud, el perdón, la resurrección de un estado "muerto" a la vida consciente y la solidaridad generosa de los que se quieren como hermanos por el hecho de ser hijos del mismo padre.

El "amor" es un término desgastado a base de emplearlo en lo que no es amor, como el apego egoísta, el impuso sexual robotizado, de usar y tirar.la manipulación y el chantaje emocional, el abuso,etc. Y sin embargo, como dice Juan "Dios es amor". Ternura y bondad. Respeto y justicia. Cariño de hermanos. E inteligencia. Porque es el lo único que aporta equilibrio y felicidad para todos. Por eso un mundo estúpido, bloqueado en sus intereses, no puede amar y por lo tanto no conoce a Dios todavía. Incluídos muchos cristianos, entre los que también seguramente yo misma me encuentre creyendo que no es así.

sarri dijo...

Muy bueno!
No sé si el comentario o el artículo está mejor planteado. El comentario es más sociológico y el artículo más teórico interpretativo. pero el rayo y trueno más contundente es la carta de Juan.
Teorizar sobré qué es el amor no veo que lleve muy lejos. Lo mejor es practicarlo sin buscarle justificativos,

GIORDANO BRUNO dijo...

Sobre si Dios es amor es algo que
los creyentes tienen que demostrar.
Para mi, los que han monopolizado
las creencias de ese Dios han mostrado, hasta la saciedad,UN FALLO TAN CLAMOROSO,que se puede
decir QUE ESE, y digo "ESE" DIOS NO
EXISTE.
Hoy, creo que está ya en pleno
desarrollo UN CAMBIO DE PARADIGMA.
Leía hace poco unas palabras de
ANDRÉS TORRES QUEIRUGA, en las que
afirmaba: ¡¡Ni de Hitler (el monstruo por excelencia)se puede decir que esté en el infierno!!!
Y yo pienso lo mismo.Porque esa es
la radical diferencia entre el Dios
de los que le han monopolizado y el
Dios es amor.¿Hay algún ser humano
capaz (sin estar loco) capaz de concebir ESO?. Esa es LA MAYOR PRUEBA DE QUE DIOS ES AMOR¡¡¡
Y con todo respeto, Virginia te
digo que YO NO CREO EN LOS "milagros" de Yesuá.En cambio
sí creo que LE DIO UN VUELCO TOTAL
A LAS ESTRUCTURAS SOCIALES, DE PODER, a todos los niveles.¿De verdad, te parece poco?.Los niños
las mujeres, los pobres, los tullidos los desechos de la vida
fueron subidos al mayor nivel.A su altura.Y seréis los primeros Y además añadió :Ninguno se
llame padre o maestro.... Miremos
hoy nuestro mundo, después de dos
mil años...ESO SIGUE ESTANDO EN VIGOR. ¿No es verdad?.

Virginia dijo...

Giordano B. quizás no me expresado con claridad suficiente. Estamos diciendo lo mismo. ¿No te has dado cuenta de que "milagritos" sutilmente va entrecomillado y con ironía en el uso del diminutivo? Quizás es que tu vena italianizante, contagiada por el pseudónimo, o quizás por pensar en mayúsculas no te ha dejado ver el significado que se expresa en el texto. Pero si lo lees despacito verás que en efecto estás diciendo lo mismo que yo aunque con palbras y expresiones distintas.
Un saludo para ti.

Juan Marcos dijo...

Con gusto vuelvo a encontrar el blog como hace tiempo y he regresado para recuperarme como participante.
Me ha gustado mucho el post, J.Mª. Tan claro y honesto como son los tuyos siempre. Gracias.

En cuanto al contenido, ni que decir que lo comparto por completo, añadiendo, después de leer los comentarios, que el evangelio y las cartas de los apóstoles, como la de Juan que se comenta, son un manantial de aguas abundantes y que es inevitable que cada uno entienda, beba y recoja lo que está a su alcance, y asimile lo que pueda.
O sea que donde unos ven amor, otros vean dificultad, que donde unos ven milagros de cuento chino, otros vean símbolos y catequesis, que donde unos aún tienen que desmantelar al falso ídolo condenador, otros ya hayan comprobado por experiencia que la única condena infernal posible la hacen los hombres, que hechos a imagen y semejanza de su padre, cuando aún tardan en descubirlo, se van por las ramas.
Y que si hay un infierno es un estado de conciencia creado por la mente y las emociones trastornadas, absolutamente self made.Como explica la parábola de Lázaro y el rico Epulón. No es
Dios el condenador quien separa a Lázaro del depredador Epulón, sino la distancia ética y personal que los separó en la tierra. Y esa distancia es el resultado y la consecuencia de los actos infames de los que uno nunca se arrepiente, porque ni siquiera ve las burradas que hace. Y se cree digno de todo lo mejor cuando es un tirano o un asesino.

Así que discrepo de la posible melè postmortem entre Hitler y sus víctimas,por mucho que lo afirme Torres Queiruga, -como cita G.Bruno- si Hitler no ha cambiado su esencia cruel y espantosa, su misma opacidad tenebrosa es un abismno que como a Epulón le separa de la bondad y de poder entender con el ser la misericordia de Dios. De hecho en ningún momento se arrepiente, sólo pide solucionar su problema de sed.

Estamos hechos del propio amor eterno, cuando lo olvidamos o lo traicionamos nos rompemos y hasta que ese amor nos junta los pedazos en un cambio completo y nos conmueve hasta el arrepentimiento total, en pensamientos, deseos y obras no hay manera de que nada cambie. Ni siquiera Dios, respetando la libertad de cada uno, que es su don, violentaría jamás a nadie para que se "convierta"ni intervendría en el proceso de libre elección del que sólo el hombre es responsable.
Y desde luego que jamás, jamás Dios, crearía un infierno.Ni un cielo, porque igual que una conducta repugnante es un infierno personal y para el entorno, el mero hecho de amar y ser amor incondicional, es ya el cielo en sí mismo y contagiado al entorno.
Y en medio de las dos opciones, nuestra libertad de hijos del hombre.

frio o caliente dijo...

Es cierto lo de que no se puede decir que Hitler esté en el infierno, como también es cierto que no se puede afirmar que no esté en el.
¿Los milagros de Jesús? El evangelio, no vosotros

Pepito Grillo dijo...

" ¿Cómo es posible amar a alguien, si se le falta al respeto, si se es intolerante con esa persona, si se le trata con desprecio....? No nos engañemos. En este orden de experiencias, nos equivocamos o nos auto-engañamos constantemente."
Por supuesto que así es.

¿Y qué decir de dónde queda el amor cuando además de todo eso se es un maltratador, un delincuente profesional, un sádico, un hipócrita o un dictador genocida muy católico? Hay verdaderos enfermos mentales, psicópatas que se amparan en la religión y que fingen unas dobles conductas pías para tapar su verdadero proceder e incluso justificarlo.
Creo que la religión católica, con la confesión juega un papel muy ambiguo y cómplice, porque da la absolución sólo porque se fía de las palabras y con los hechos mira para otro lado. ¿Quién dio la absolución a Videla, a Pinochet, a Franco o a Mussolini? Todos ellos monstruitos reincidentes públicos en el crimen legalizado, nacidos y criados en esa cultura de la chapuza moral y hasta como en el caso de España, paseando bajo palio por las iglesias como si fuesen una hostia consagrada? ¿No debería absterse el sacerdote de absolver a quien tiene el morro de confesar sin arrepentirse ni pedir perdón públicamente a sus víctimas? ¿Por qué un hombre como los demás decide si absuelve o no a quien no muestra ni siquiera el mínimo sentido de culpa por sus crímenes, o simplemente está de acuerdo por sus ideas con esos procedimientos? Es imposible pasar por alto a J.Pablo II dando la comunión a Pinochet. O no se confesó para comulgar, lo que después de su historial sería un sacrilegio, o fue absuelto, lo que es aun más preocupante. ¿Cómo se sentirían los familiares de los asesinados? ¿Dónde está el amor en ese caso? ¿Con las víctimas o con el asesino? ¿Acaso no debería exigirse el arrepentimiento público y el cambio de vida y de valores antes de dar el perdón en nombre de Dios? Obras son amores y no buenas razones. "Vete y NO PEQUES MÁS" y si sigues atormentando a tu prójimo y destruyendo vidas humanas ahorrate el bodevil de tu hipocresía.

GIORDANO BRUNO dijo...

Pepito Grillo ha introducido en el
tema a cuatro personajes nuevos: J.P.II, Pinochet, Videla y Franco y de modo implícito a la I.C.
Las escenas de las comuniones de
los dos primeros, y "la sagrada forma" de Franco bajo palio, nos situan ante la perspectiva eclesiástica y su consideración a
los tres laicos sumisos a los dictados CATÓLICOS. Y desde la perspectiva del papa polado Videla y Pinochet ERAN FIELES CRISTIANOS
CATÓLICOS, por tanto dignos de alabanza y no de reproche.Y por lo
que se refiere a Franco, todo lo anterior elevado casi a los altares. Así pués si ese papa no tenía nada que reprochar a Pinochet y Videla,¿porqué negarle
una comunión?, y además exhibirse
junto al pontífice.¿Por qué no?.
En esa perspectiva debemos hallar las respuestas, pertinentes.
Y por supuesto comparar el trato recibido por el obispo Oscar Arnulfo Romero, Ellacuría y sus compañeros....por el papa polaco,
es decir, por el Emperador romano.
Así que...

Las jugadas de la memoria histórica dijo...

"El 11 de febrero de 1929, cuando Benito Mussolini y la Santa Sede firmaron en Letrán los tres tratados que daban por zanjadas las diferencias entre el Reino de Italia y la Santa Sede, estableciendo el Estado independiente de la Ciudad del Vaticano. (le consiguiò los terrenos y la condiciòn de Estado independiente con cuantiosas rentas al Vaticano) y fue durante el gobierno del "Duce" que se decidió que el catolicismo romano sería la religión oficial de Italia, además de que se impartiría instrucción religiosa en las escuelas y el gobierno pondría en vigor el derecho eclesiástico.

Siendo joven dirigió por primera vez un pequeño diario socialista llamado "La Lima".Desde el periodismo vuelca sus ideas anticlericales y acusa a los sacerdotes de estar al servicio del capitalismo

Entre el fascismo y el catolicismo siempre hubo una difícil relación: Mussolini siempre se había declarado ateo, pero entendió que para gobernar Italia no debía enemistarse con los católicos. La misma Iglesia Católica, si bien no aceptó la ideología fascista, la prefirió como alternativa al comunismo."
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Aquí va una información histórica interesante sobre el poder dictatorial y la iglesia católica. También en Italia, cómo no! Por más que Mussolini reivindicó su ateísmo militante antes de llegar al podio fascista, para mantenerse en él, tuvo que prorrogar y conceder a la iglesia un montón de privilegios. Y permitir que el Vaticano siguiese haciendo de sus sotanas no un sayo, sino un imperio. El de siempre. Y no fue porque se "convirtió" a las devotas costumbres ensotanadas, sino porque sin el embrujo del incienso y del oro sobre las conciencias dormidas, no hay ningún poder más fuerte ni más contundente capaz de manterese en pie. Con la iglesia hemos topado, Sancho.

Humberto Sonejos dijo...

Vaya, por lo que se vé,a la iglesia lo que le importa es sacar jugo de cualquier situación. Es histórico.
Si Satlin hubiese establecido un concordato con ella, o un pacto, como el de "mata a los que no te gusten pero déjame vivir si me callo y otorgo", como hizo con Hitler, lo habría acogido con los brazos abiertos. Los tiranos lo son, no por ser de derechas o de izquierdas, sino porque tienen idéntico índice de inhumanidad y de brutalidad represora.
Pasó lo mismo acá en Argentina con la dictadura de los milicos. La iglesia católica no dijo ni mu y siguió tan estupenda y campante enmedio de asesinatos,torturas y desaparecidos. Haciendo la bobita.
Como en las reducciones del siglo XVII en el Paraguay. Pacto con los imperios de Portugal y España y genocidio de inditos, a cambio de no intervención moral y mucho menos evangélica.

El amor es Dios, de eso no hay la menor duda, pero esa iglesia debe tener un alzehimer gravísmo. Pues no creo que lo haga por maldad, sino por pérdida de memoria. Tanto platicar de Dios sin vivirlo, acaba por convertir la plática en nada. Y a Dios en olvido.
Desde Tucumán un saludo, hermanos.

 
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