sábado 28 de agosto de 2010

LOS QUE TIENEN FE (SEGÚN EL EVANGELIO)

En esto de la religión y de las creencias, las cosas se han puesto de tal manera que, si todo este asunto se piensa detenidamente, pronto se tiene la sospecha (la fundada sospecha) de que hay gentes que se ven a sí mismos como agnósticos, heréticos o ateos, y que sin embargo lo más razonable es pensar que tienen fe, que (sin saberlo ellos) creen en Dios, buscan a Dios, son creyentes. De la misma manera que, en el extremo opuesto, también hay personas (quizá más de las que imaginamos) que se ven a sí mismas como creyentes y, sin embargo, seguramente no lo son.
Para explicar lo que quiero decir, no me voy a andar con muchas elucubraciones. Lo que aquí me importa dejar claro es lo siguiente: en los evangelios sinópticos (Mc, Mt y Lc), cuando se dice de alguien que es una persona creyente (que tiene fe), no se trata de una persona religiosa, observante, piadosa y que acepta las enseñanzas de los sacerdotes y autoridades sagradas. Nada de eso. La fe es asunto de personas que (por lo que sea) lo pasan mal en la vida, se ven en apuros, atraviesan situaciones de dolor y sufrimiento. Me refiero a los numerosos casos en los que Jesús les decía a quienes quedaban curados de sus males y penalidades: "Tu fe te ha salvado" (Mc 5, 34; Mt 9, 22; Lc 8, 48; cf. Mc 10, 52; Mt 8, 10. 13; 9, 30; 15, 28; Lc 7, 9; 19, 19; 18, 42). Y conste que hay casos en los que Jesús elogia la fe de personas que eran paganos(no tenían ni las creencias, ni practicaban las normas de la religión de la Biblia). Es lo que ocurrió con el Centurión romano, que estaba al servicio de Herodes (cosa que ocurría en Galilea, como cuenta el historiador Flavio Josefo). De este hombre dijo Jesús que era el hombre con más fe que había visto (Mt 8, 5 par). Es también el caso de la mujer pagana que vivía en Siria (Mt 7, 26). Y es igualmente el caso del samaritano leproso al que curó Jesús junto a otros nueve leprosos judíos, pero aquello ocurrió de forma que sólo al hereje y descreído samaritano es al que Jesús le dice: Tu fe te ha salvado" (Lc 17, 19).
Jesús nunca dijo que quienes tenían fe fueran los sacerotes, los letrados y juristas, los senadores del Sanedrín, los piadosos fariseos, es decir, las "gentes religiosas" de entonces. Todo lo contrario. En uno de los últimos enfrentamientos, que tuvo Jesús con los sumos sacerdotes y con los senadores, el mismo Jesús les echó en cara a aquellos supremos dirigentes religiosos que ellos fueron los que "no creyeron" (oúk episteúsate) a Juan Bautista (Mt 21, 25 par), mientras que el pueblo (óchlos = gente que no practicaba la Ley y que se veía como maldita por los funcionarios del Templo) (Jn 7, 49), ésos fueron "los que creyeron" (Mt 21, 26 par). Es más, Jesús llegó hasta el extremo de la provocación cuando les dijo a los sacerdotes y senadores que los prublicanos y las prostitutas entraban en el Reino de Dios antes que ellos, porque aquellas gentes a las que la religión tenía como indeseables, éllos fueron los que "creyeron" (Mt 21, 32).
Todo es extraño, sorprendente y posiblemente inaceptable, para nuestra mentalidad, educada en los catecismos de toda la vida. ¿No será que quienes redactaron esos catecismos no se habían fijado bien en lo que dice el Evangelio? ¿No será, por tanto, que nos han enseñado el asunto de la fe de forma incompleta? ¿No confirma esto que la teología "oficial" no casa bien con lo que dijo y lo que hizo Jesús en algunos asuntos que son capitales en la vida de los cristianos?
Pues ya anuncio que nos vamos a llevar una sorpresa mayor cuando veamos lo que dicen los evangelios sobre los que no tenían fe. Pero de eso hablaremos pronto.Con lo de hoy, ya tenemos suficiente para "atrevernos a pensar".

martes 24 de agosto de 2010

CONTAGIO

Se entiende por "contagio" la transmisión, por contacto, de una efnfermedad. Pero, además de este significado, hablamos también de "contagio" cuando nos referimos a la transmisión de hábitos, actitudes, simpatías... por efecto de la convivencia con otras personas.
Esto supuesto, con bastante frecuencia ocurre que no somos conscientes de que las experiencias y las pautas de conducta más determinantes de nuestra vida las asimilamos, no por las "esneñanzas" que recibimos, sino por el "contagio" de las personas y ambientes que nos rodean o nos envuelven. Un bebé, desde el momento en que viene a este mundo (o antes incluso), empieza a integrar en su vida las experiencias y sentimientos que le contagian sus padres y el ambiente en el que sea cria y va creciendo. Así, integramos en nuestra vida el cariño, el miedo, el desamparo, la seguridad, la dicha y la tristeza, el amor y la envidia, la esperanza y la desesperación, etc, etc. Sin duda alguna, las experiencias más determinantes de nuestra vida las asmilamos por contagio.
Y es que la comunicación entre los seres humanos se realiza por medio de "signos" y por medio de "símbolos". Dicho de la forma más sencilla, un "signo" es toda cosa que nos lleva a conocimiento de otra cosa. Los linguitas dicen que el signo es la unión de un "significante" y un "significado". Por ejemplo, las palabras son signos fonéticos: cuando yo oigo el fonema "león", eso es el "significante". Cuando ese fonema se une con el "concepto" que yo tengo de lo que es o representa un león, eso es el "significado". Al unirse el fonema (significante) y el concepto (significado), se forma el signo. Por eso, el signo se sitúa siempre a nivel del conocimiento. Y tiene como finalidad enseñar, trasnmitir un concepto, una idea.
Pero en la vida de los humanos, antes que los conceptos, que nos llegan por medio de signos, están las "experiencias" que se nos transmiten por medio de "símbolos". El bebé percibe, antes que ninguna otra cosa, los símbolos que le comunican experiencias. Por ejemplo, un beso, un abrazo, el tacto de la piel, la mirada de la madre...., todo eso son símbolos, por medio de los cuales ese bebé se va configurando como una persona feliz o desgraciada, de buenos o malos sentimientos, capaz de orientar su vida en un sentido o en otro. Por poner un ejemplo: la mirada precede al ojo. Percibimos antes la mira de una persona que el tamaño, el color o la forma de sus ojos. El ojo nos trasmite un conocimiento; la mirada nos comunica una experiencia, que puede ser de respeto, de odio, de desprecio...
Con lo dicho, creo que hay bastante para hacerse una idea de la fuerza decisiva que tiene en nuestra vida lo que se nos contagia por la convivencia con las personas que vivimos. Por eso he dicho, tantas veces, que el respeto se contagia. Como se contagia la intolerancia, la prepotencia, la soberbia del que jamás da su brazo a torcer o simplemente sirempre quiere llevar la razón. Hay gente que sabe de todo, y habla de todo, y se empeña en tener la razón en todo... Como hay personas eminentes que preguntan, que respetan los puntos de vista de los demás, que jamás reprochan nada...
¿Qué contagiamos en la vida a quienes conviven con nosotros?
Como respuesta a esta pregunta, sugiero que pensemos (puesto que hablamos de teología) por qué en los evangelios se dice tantas veces que la gente sencilla, el pueblo llano, buscaba a Jesús, seguía a Jesús, no se cansaba de escuchar a Jesús. La gente sencilla hace eso cuando encuentra acogida, comprensión, cercanía, estima, cariño. Repito: ¿qué contagiamos en nuestra vida? No vendría mal que esta pregunta nos acompañe con frecuenia, casi obsesivamente. Seguro que así, los que se rozan con nosotros se sentirían más felices. ¡Y eso sí que es importante!

domingo 22 de agosto de 2010

MEDITACIÓN SOBRE IRAK

Es evidente que la guerra de Irak no ha sido, primordialmente, una guera de religión. Pero nadie duda, a estas alturas, de que la religión ha jugado un papel importante en esta guerra. En ella ha sido determinante la "razón de estado" (M. Weber). Pero, como bien dijo el mismo Weber: todo esto, "desde el punto de vista religioso, aparece casi irremediablemente sin sentido". Y no sólo sin sentido, sino sobre todo la mayor aberración que se puede cometer. La fe religiosa no se defiende a cañonazos. Ni las herejías se destruyen con bombas y misiles. Todo lo contrario: cuando las creencias religiosas se sienten amenazadas, por eso mismo se hacen más fuertes y se radicalizan hasta el fanatismo de quienes matan, matándose ellos mismos, porque su fe y sus esperanzas de un paraíso celestial les motivas para cometer semejante barbarie. Los talibanes son hoy más radicales y más fanáticos que antes de empezar la guerra. Se puede discutir quién ha perdido esta guerra, si la cosa se mira desde el punto de vista de la "razón de estado". Pero si todo esto se piensa desde el punto de vista de la "razón religiosa", sin duda alguna, quien ha perdido la guerra ha sido el poderoso invasor cristiano. Para nadie es un secreto que, como religión, el islam está hoy más fuerte y tiene más energía de expansión que el cristianismo. Las estadísticas de todas las tenedencias es esto lo que indican.
Y aquí empieza mi meditación. Es un dolor indecible, un horror, una vergüenza, que hayan muerto más de cien mil criaturas inocentes, ¿para qué? A eso hay que sumar los mutilados, los desplazados, los huérfanos, las gentes sin casa, sin familia y sin futuro de los que nadie se acuerda y en los que nadie piensa, ¿para qué? Más de cinco mil soldados muertos, que son otras tantas familias destrozadas, ¿para qué? ¡Y todo esto se ha hecho, de una y otra parte, en nombre de Dios! Sadam Husein era un tirano. Pero, para acabar con una tiranía, ¿ha sido necesaria tanta brutalidad y tanta sangre? ¿Y nos quejamos de que haya cada día más gente que no quiere saber nada de Dios y menos aún de la religión, de sus teólogos y sacerdotes? Siento en mi piel un frío de muerte cuando leo y releo la plegaria que miles de "Círculos presidenciales de oración" han rezado, día y noche durante la guerra, en Estados Unidos: "Señor, ten nuestras tropas en tus manos amorosas. Protégelas como ellas nos protegen. Bendícelas a ellos y a sus familias, por las acciones altruistas que realizan, por nosotros en nuestro tiempo de necesidad. Esto te pido en el nombre de Jesús, Señor y Salvador. Amén".
Estoy seguro de que quienes rezaban esta oración, ponían en ella lo mejor de su buena voluntad. Y así expresaban su fe y sus convicciones religiosas. Pero, por eso mismo, todo este penoso asunto me da mucho que pensar. Pienso que la religión es un excelente instrumento de engaño, que, hábilmente utilizado por los mentirosos que tienen poder, puede resultar letal para los débiles. Me da miedo pensar que yo también puedo estar utilizando este patético instrumento de engaño. Y pienso, sobre todo, que todos necesitamos purificar nuestras propias ideas religiosas. Es muy fácil ahora culpar a Sadam o culpar a Busch. ¿Qué conseguimos con eso? ¿No es más sensato ponernos todos a purificar nuestras creencias religiosas, nuestras xenofobias y el racismo visceral que muchos de nosotros llevamos inoculado en la sangre de nuestras ideas?

lunes 16 de agosto de 2010

HOY CUMPLO 81 AÑOS

Queridos amigos y amigas blogeros:
Hoy, 16 de agosto, interrumpo mis vacaciones, que todavía durarán hasta el comienzo de la próxima semana. La interrupción se debe a que hoy cumplo mis 81 años. No os lo digo para que me felicitéis. No vale la pena. Hoy os escribo porque esta fecha me evoca recuerdos que, para mí al menos, son importantes. Y los quiero compartir con vosotros.
En 1929, cuando vi la luz de este mundo, en Puebla de Don Fadrique, al norte de la provincia de Granada (España), corrían malos tiempos. El año 1929, como es bien sabido, fue el año de "la gran depresión", la primera crisis del capitalismo mundial. En España, el año 1929 fue el de la agonía de la dictadura de Primo de Rivera, el pre-anuncio del hundimiento de la monarquía (en 1930), y la entrada de la II República, en 1931. A partir de entonces, años de crispación y violencia, el enfrentamiento de las "dos españas", hasta desembocar en la crueldad de la guerra civil de 1936, con más de un millón de muertos. Al recordar estos hechos, lo que en realidad estoy indicando es que di los primeros pasos de mi vida en un mundo demasiado agitado y violento; un mundo de hambre y escasez. Pero, sobre todo, un mundo extremadamente peligroso y cruel.
Pues bien, estando así las cosas, precisamente en aquellos años de tantos odios, resentimientos y venganzas, en mi pueblo, salpicado también por aquellas violencias, aprendí de mis padres, de mi familia, de mis raíces, la primera gran lección que ha marcado mi vida: la lección del respeto. Mis padres no fueron unos santos. Ni sus hijos tampoco lo hemos sido. Esto es verdad. Pero, tan cierto como lo que acabo de decir, es que, si algo valioso me dejaron como herencia mis padres, fue el principio determinante del respeto a los demás. Mi padre nos decía, a mis hermanos y a mí: "No le faltéis nunca al respeto a nadie; porque el día que se le falta al respeto a alguien, ese día se rompe algo muy fundamental en la vida, algo que ya nunca más se vuelve a componer". No se me olvida esta enseñanza, que mamé en mi casa desde niño. Y aquí quiero dejar constancia de que el "principio determinante del respeto" no se transmite por "enseñanza", sino por "contagio". Doy gracias a la vida porque mis padres, mi familia, mi pueblo, me contagiaron la actitud más elemental que se ha de tener siempre ante los demás: el respeto incondicional a lo diferente, a lo extraño, a lo que no encaja en mis esquemas de pensamiento o en mis criterios de interpretación de la realidad.
En fin, queridas amigas y queridos amigos, como veis, mi mensaje de este día es muy sencillo, muy elemental. Pero también los muchos años de vida me han enseñado que, normalmente, lo más básico es lo más profundo. Hay gente que habla a todas horas de amor y caridad, lo cual está bien, está muy bien. Pero lo que no está bien es insistir tanto en el amor de caridad cuando tanto (o más) se le falta al respeto a los demás. Por eso, se me ha ocurrido que quizá lo mejor que puedo decir en este día, tan señalado para mí, es que empecemos por el respeto. Y cuando sepamos respetar a todos, entonces tendrá sentido hablar del amor a todos.
No os canso más. Y, por supuesto, me doy por felicitado por todos y todas. Aquí vale aquello de que "con la intención basta".
Hasta pronto, desde los calores inmisericordes de este "ferragosto" granaíno, que este año está resultando glorioso. Ya está bien.
 
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