sábado 7 de noviembre de 2009

MONSEÑOR ROMERO, MÁRTIR

El 24 de marzo de 1980, el arzobispo de San Salvador, Mons. Oscar A. Romero fue asesinado en la capilla del hospital de enfermos terminales (donde vivía), mientras celebraba la eucaristía. El día que lo mataron era lunes. El domingo, día 24, en la homilía que pronunció en la catedral, cuando las masacres del ejército salvadoreño se ensañaban con el pueblo, Mons. Romero dijo: "En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno! en nombre de Dios: ¡Cese la represión!". Al decir esto, por defender la vida de los más pobres, Mons. Romero firnmó su sentencia de muerte. Al día liguiente, lunes, cuando el arzobispo estaba en el ofertorio de la misa, un coche se detuvo ante la puerta abierta de la capilla del hospitalito. Y del coche salió un disparo que dio justamente en el corazón del prelado.
Han tenido que pasar casi 30 años para que un presidente del Gobierno de El Salvador haga justicia y diga en público, al mundo entero, quién fue el responsable de aquel asesinato. Fue el Gobierno de extrema derecha, del partido ARENA, que, desde entonces hasta el año pasado, ha mandado en aquel país, el que ordenó la ejecución de un buen sacerdote, de un excelente obispo, que tuvo la libertad y la audacia de ponerse de parte de quienes más sufren, para defender su vida.
Lo que sucedió en vida de Mons. Romero fue un dolor. Lo que ha venido después ha sido una vergüenza. El sucesor de Romero, Mons. Rivera y Damas, puso en marcha la causa de beatificación del arzobispo mártir. Pero Rivera murió poco después a causa de un infarto. Le sucedió Mons. Fernando Sáenz Lacalle, hasta entonces capellán general del ejército salvadoreño. Poco después, la causa de beatificación empezó a tener dificultades. Y las sigue teniendo hasta el día de hoy. Se sabe que en Roma el cardel López Trujillo (ya fallecido) ha sido un activo militante contra la beatificación y canonización de Romero. Roma ha puesto siempre el reparo de que Mons. Romero "se metió en política". Lo sorprendente es que este reparo venga del Vaticano, cuyo gobernante supremo, el Romano Pontífice, ha visitado tantos y tantos países, no sólo como Pastor Supremo de la Iglesia, sino además como Jefe de Estado. Pero hay más. Yo he sido profesor de la Universidad UCA, en San Salvador, durante más de 15 años. Y he podido conocer muy de cerca a quienes vivieron junto a Romero sus últimos años. Uno de los colaboradores más cercanos de Romero me contó que un día el arzobispo se desahogó con él y le pidió un favor increíble. Romero tenía motivos muy serios para sospechar que la embajada de Estados Unidos en San Salvador interfería su correspondencia con el Papa. Lo que más preocupaba a Romero era una carta, en la que el arzobispo comunicaba al Papa un "asunto extremadamente grave". La carta había llegado al despacho del Papa (Juan Pablo II). Esto se sabe con seguridad porque, por medio del P. Arrupe, se tenía la certeza de que el P. Dezza (luego cardenal y ya difunto) dejó la carta sobre la mesa del despacho del Pontífice. Pues bien, el hecho es que, poco después, una fotocopia de esa carta estaba en la Embajada de Estados Unidos en San Salvador. Quien me contó este hecho tenía prueba documental de lo sucedido. Sin duda, alguien, my vinculado a Juan Pablo II, estaba igualmente vinculado a los manejos de la CIA en el Caribe de los años 80. Eran los tiempos de la adminsitración Reagan, cuando, según las investigaciones (conocidas en todo el mundo) de Carl Berstein y Marco Politi (publicadas en el libro Su Santidad, Planeta, 1996), queda patente hasta qué punto Ronald Reagan convirtió en secreto al Vaticano en su principal aliado y, de forma encubierta, enviaba a William Casey, director de la CIA, a entrevistarse regularmente con el Papa.
Me da mucha pena pensar que en Roma las cosas funcionen de manera que Juan Pablo II esté ya próximo a su beatificación, por su ejempalridad evangélica (lo que me parece bien), mientras que el arzobispo Romero esté aún lejos de ese reconocimiento oficial de la Iglesia , por sus implicaciones políticas. ¿No da todo esto mucho que pensar? En cualquier caso, la gente sencilla y los pueblos de aquel continente ya han canonizado a Mons. Romero. Para ellos es San Romero de América. Lo mejor que puede hacer el Vaticano es respetar la fe de aquel pueblo. Mons. Romero no necesita solemnidades en la Plaza de San Pedro de Roma. Tiene bastante con la fe sencilla de los más sencillos de este mundo.

7 comentarios:

Atanasio dijo...

¿Ejemplaridad evangélica, la de Juan Pablo II? Cuando fue un Pontífice que apoyó a las dictaduras más terribles del momento y que puso término en las instituciones eclesiásticas a la Teología de la Liberación. Pero no será extraño que llegue a los altares en la Iglesia de Roma, como tantos otros canonizados de muy controvertida biografía. Siendo las cosas como son, encontramos en las dificultades que Roma pone a la canonización del monseñor Romero la prueba de su indiscutible santidad, la de un hombre que lo sacrificó todo por servir a los amados de Jesús, los pobres.

Jose dijo...

Lo de Monseñor Romero es vergonzoso, tanto o más como las canonizaciones del Beato Juan XXIII y la Beata Teresa de Calcuta. ¿Qué tienen que demostrar todos estos que vienen de la gran tribulación y han lavado y blanqueados sus túnicas en la sangre del Cordero? Estos son los santos, y no los que compran la santidad para ser inscritos en el catalogo romano de los santos. Hacia donde nos llevan estos dirigentes de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana

Carmen Hernández dijo...

No esque acabó con la T. de la Liberación sino como pactó con los poderes corruptos, las drogas, las maquilas de los ricos empresarios del Norte de America...
Las formas y la cohabitación, aquí en España y en Pekín si alguien sabe que se va a reaizar un crimen y no lo detiene es tan complice como quienes lo manda a hacer y lo ejecuta.
Esa es la verad, lo demás dorar la pildora, y ni juan , benito, y perico el de los palotes son dioses...
Para que tanto complejo en decir lo son.

Chiquitina dijo...

Fíjate, el Vaticano aliado de Ronald Reagan... El jefe de la CIA visitando regularmente al papa, da escalofríos sólo leer esto. Y luego tienen el descaro de decir que Mon. Romero se metía en politica. Les falta decir "de izquierdas", porque la de derechas está bien vista y permitida ya que es la que ellos practican. Bueno, ahora estamos virando hacia la derecha de la derecha...

Los obipos que optan por los pobres nunca han sido ni nunca serán bien vistos por el Vaticano. Cuestionan demasiado sus prácticas. Recuerdo que cuando lo mataron, el Vaticano tardó como tres dias en pronunciarse y para decir lo que dijo casi mejor que se hubiera callado.

De Mon. Alfonso Lopez Trujillo que se podía esperar... fue nefasto para Medellin, para el Celam, para la Teología de la Liberación, todavia no hace mucho dijo acabaria con Boff y con Sobrino, pero acabó él primero.

Si para hacerle santo van a quitarle su compromiso con el pueblo pobre y oprimido, mejor que no sea santo oficial. Total, ya es San Romero de América y eso no lo da ni lo quita el Vaticano.

José María dijo...

Todavía hay una esperanza para el Salvador. En el momento de la asunción al poder de Mauricio Funes, dijo "que había llegado el turno del ofendido, y que gobernaría bajo la inspiración de Monseñor Romero, que dedicará su mandato a trabajar con los pobres y vulnerables , para honrar a Monseñor Romero".

Mons. Romero dijo de modo profético: "Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño, si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y señal de que la esperanza será pronto una realidad".

Si, han pasado 30 años, pero su voz se sigue oyendo, sus homilías lejos de quedarse en el olvido, están presentes en los corazones de todos aquellos para los que SAN ROMERO DE AMERICA ha significado un cambio en su vida interior, un cambio en su vida para con los demás.

¿Que nos importa que el Vaticano no lo lleve a los altares?.

Los más humildes, los pobres de todo el mundo ya lo hicieron.

No obstante si da que pensar el distinto rasero con el que miden en el Vaticano a unos que han sido políticos, (Juan Pablo II, ayudó a tirar el muro de Berlín, derrotó el comunismo en Polonia),y a otros como Monseñor Romero que entregó su vida por los más desfavorecidos, y no lo canonizan porque dicen que se metió en politica.

Por eso, lo dicho. No necesitamos que el Vaticamo canonice a SAN ROMERO DE AMERICA, ya es SANTO, y no le gustarían las solemnidades que se dan en el Vaticano.

San Romero, está y estará en el corazón de todos nosotros. El si que es un verdadero ejemplo a seguir. El comprendió a la perfección el Evangelio y lo siguió al pié de la letra.

Saludos.
José Mª

teófilo liberto dijo...

Tantos católicos de mentalidad e ideología conservadoras y derechas, deberían tratar de explicar cómo es posible que aún sigan "demonizando" a figuras del relieve de monseñor Óscar Romero, los jesuitas asesinados de la UCA hace ahora veinte años y tantos "mártires" anónimos de la solidaridad y el compromiso por los pobres, al parecer porque se metieron en política, y sin embargo estén pensando en canonizar a alguien como monseñor José Guerra Campos, el último "cruzado", el más contumaz obispo franquista.
Resulta graciosa, por no decir escandalosa, la comparación resultante. Como si Guerra Campos no se hubiese también metido "en política": Procurador de Cortes del régimen autoritario del general Franco; franquista hasta la médula y simpatizante animador de las huestes de Fuerza Nueva,con Blas Piñar a la cabeza; partidario del Estado confesional (perenne y secular entendimiento entre el Trono y el Altar); ex combatiente de la 108 División del Ejército Nacional, durante la Guerra Civil española; "conspirador" contra la recién estrenada democracia española, contra la Constitución de 1978...
Si eso no es meterse en política, que venga Dios y lo vea. En lapolítica de los poderosos, los oligarcas, las clases pudientes y dirigentes (sectores con los que secularmente tanto se han identificado los jerarcas del alto clero católico). Siguiendo con esa misma vara de medir, monseñor Oscar Romero, Rutilio Grande, los jesuitas asesinados de la UCA y tantos mártires anónimos de los movimientos populares, vale que también se metieron en política, sólo que en la política que al menos perseguía la solidaridad, la justicia social para los empobrecidos, para las víctimas de la historia.
La diferencia , muy cualitativa y sustancial, salta a la vista.

teófilo liberto dijo...

En algunos foros católicos que a sí mismos se tienen por muy conservadores, muy de derechas (incluso, de extrema derecha), he defendido la "dignidad moral y martirial" de monseñor Óscar Romero; me responden, todos a una, que su muerte fue por "meterse en política" y tomar partido por el marxismo, que los de esa cuerda ideológica desprecian, por considerar que el marxismo es la peor ideología que ha habido en la historia. En verdad, al marxismono le reconocen nada bueno, absolutamente nada bueno, puesto que todos esos "hijos pródigos o putativos" del marxismo,o siquiera sobrinos (ecologismo, feminismo,antimilitarismo...) también son malos. Desde luego, hasta a mí, que nunca me he sentido especialmente atraído por el marxismo, por su tendencia totalitaria (aunque conozco que hay un marxismo de rostro "libertario"), me parece demencialmente exagerado y tendencioso negar el pan y la sal a una ideología que algunas cosas buenas tiene.
A mí me parece que los tales ultras a los que me refiero son tan anticomunistas como el general Franco (y antimasones),aunque igual ello es por mera coincidencia. Con todo, yo preguntaría a algún forista que se pase por este artículo aún (o post, en el argot informático), ¿es justo el tratamiento que recibe Oscar Romero, canonizado por el pueblo sufriente como san Óscar Romero de América?
Hace años escuché al jesuita Jon Sobrino en una charla que ofreció en mi ciudad (Las Palmas de Gran Canaria). Al finalizar la charla, yo que no lo conocía ni lo conozco en persona, me acerqué a él y le pregunté si conocía los estudios del historiador Ricardo de la Cierva sobre la infiltración del marxismo en la Iglesia a través de la Teología de la Liberación. Me contestó Jon Sobrino que le parecía que Ricardo de la Cierva era -es- muy tendencioso, muy de derechas. Pero lo cierto es que el pensamiento "oficial" de la Iglesia no se alinea con las tesis de Jon Sobrino, a quien ha llamado a capítulo recientemente a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Asimismo, muchos católicos conservadores se sirven de los estudios de alguien como Ricardo de la Cierva, muy estimados en ambientes franquistas, filofranquistas, o sencillamente revisionistas de la historia.
Pero entonces quienes no somos expertos ni en historia,ni en filosofía, ni en teología, ¿qué hacemos?, ¿a quién debemos creer? Ya me sé la respuesta de la propia Iglesia: al sucesor de Pedro y a los obispos en comunión con Pedro; y como ya me sé la respuesta del sucesor actual de Pedro con relación a la Teología de la Liberación...
Sin embargo, también mi experiencia personal creo que ha de valer de algo. Y mi experiencia personal, apostólica, pastoral y militante, me indica casi sin lugar a dudas que los religiosos, religiosas y curas que más me han marcado por su cercanía, por su compromiso militante y por su capacidad de dialogar con el mundo, no son precisamente los más rectilíneamente ortodoxos,los más conservadores, los más de derechas. Desde luego, algún sacerdote católico he conocido (del movimiento de los Focolares, por ejemplo) muy obediente a Roma y a la vez -o gracias a ello precisamente- muy humano, servicial, carismático, buena gente. Sin embargo, al menos hasta la fecha no he tenido la dicha de conocer a sacerdote alguno de la "Obra" (Opus Dei) que me haya entusiasmado por su cercanía, compromiso militante y pastoral, etcétera. No es sino simplemente que yo no he tenido la dicha de conocer a ninguno.